¿Qué es un Fungicida? ¿Para Qué Sirve? Elimina Plagas ¡¡YA!!

Las propiedades del polvo de azufre, como fungicida eficaz contra las llamadas enfermedades blancas (uno de los tipos de oídio) ya eran conocidas y utilizadas desde el tiempo del imperio romano, los que disponían del producto con facilidad, dado que Italia era y todavía es, una de las principales potencias mundiales, en cuanto a producción de azufre.

Hacia 1845 la aniquilación del cultivo de la patata, causado por el hongo del mildiu ( Phytophthora infestans ) en Irlanda, provocó una época de hambre y emigración, de gran parte de la población irlandesa y motivó el interés por encontrar nuevos productos fungicidas. Esto a menudo se hacer de forma empírica y se probó incluso y sin éxito la sal común. Finalmente se pudo comprobar la efectividad de lo que fue llamado, caldo bordelés, basado en una suspensión de Sulfato de cobre y cal hidratada .

Esta fue un hito fundamental en la historia de la protección de las plantas y más si se tiene en cuenta, que en aquella época también fue el inicio del proceso actualmente todavía activo de la extensión acelerada de todo tipo de enfermedades y plagas en todo del mundo.

Los hongos específicos de la vid, que producen las enfermedades del oídio y el mildiu, entraron en la Península Ibérica, por Cataluña, en los años 1851 y 1880 respectivamente a través de la intensa actividad de los puertos catalanes.

El progreso de la química propició, la introducción de nuevos productos, aunque inorgánicos, para el control de hongos y desde finales del siglo XIX y hasta el fin de la segunda guerra mundial los agricultores utilizaban compuestos arsenicales y mercuriales con acción también insecticida para fumigar los cultivos. Todos estos productos, a pesar de que eran muy efectivos, eran extremadamente tóxicos y actualmente están prohibidos o estrictamente limitado su uso.

La tercera generación de fungicidas pertenece a una química orgánica muy desarrollada y diversificada. Incorpora ya, a partir de 1970 , el carácter sistémico, es decir, la penetración del producto y su distribución por los vasos conductores en toda la planta con lo que se aumenta en gran medida la efectividad del tratamiento.

El inconveniente principal de todos estos nuevos productos, es por su misma naturaleza, pueden acabar generando una resistencia del hongo en el caso de un uso repetido del producto.

Por primera vez, los productos salían al mercado con unos controles y una evaluación de su peligrosidad. Se ha demostrado que a largo plazo, algunas sustancias son dañinas para la salud, por lo que, muchas preparaciones utilizadas durante años, han sido finalmente retiradas. El estudio de daños al medio ambiente, sobre todo en cuanto a los compuestos químicos originados en la degradación del producto comercial, estuvieron en esta etapa prácticamente desatendidos.

Como en otros agroquímicos , especialmente insecticidas y herbicidas, los principales perjudicados son los trabajadores que aplican los productos, ya que aparte de una intoxicación puntual puede haber otra de carácter acumulativo.

Actualmente, la investigación se orienta hacia una nueva línea de fungicidas, basados en los mecanismos de lucha antifúngica presentes en la naturaleza, como los activadores de la resistencia natural de las plantas o resistencia sistemática adquirida (SAR) y virtualmente ausentes de peligros sanitarios y medioambientales. Esto implica la coordinación entre diversos grupos de investigación muy especializados en diversos campos científicos principalmente de la bioquímica .

A pesar de las grandes innovaciones, el azufre y el cobre, siguen utilizándose con carácter general y en la agricultura ecológica son junto con los derivados de plantas, prácticamente los únicos permitidos

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